
La batalla esta lista para empezar. Cuando Arjuna ve en el otro bando a sus primos, tíos y maestros, rompe en llanto porque no quiere enfrentarles ni matarles. Son sus seres amados, sus familiares. Y se rinde a la situación. Entonces le pide consejo a Krishna, y empieza un diálogo de fecunda reflexión existencial.
El libro más influyente de la India arranca con una situación extrema, donde uno de los protagonistas se plantea un dilema con el que cualquier persona podría identificarse. Es por ello el carácter atemporal y la vigencia de sus planteamientos, aunque haya sido escrito hace miles de años.
El significado en sánscrito de Bhagavad Gita es «Canto del Beato» (o del dichoso, o bienaventurado, según sea la traducción) y es un fragmento del gran libro épico Mahabaratta, donde se cuentan las aventuras de los Pandava, los hijos de un rey con poca suerte, Pandu, que por diversas vicisitudes tiene que ceder el reino a su hermano. Cuando muere, éste acoge a sus sobrinos en la familia real, los cuales crecen con sus primos como si fueran hermanos. Después de diversos giros dignos de telenovela mexicana, los primos se tienen que enfrentar entre sí en la disputa por el reino, ya que ambas partes se consideran legítimas herederas, y tienen que ir a la guerra. Piden apoyo al poderoso ejercito del tío, Krishna, un sabio iluminado, con el cual llegan a un acuerdo. Una parte tendrá a su ejercito; y la otra parte tendrá al general mismo como consejero y estratega de la batalla. Arjuna, segundo hijo de Pandu, prestigioso satriya (casta de los guerreros y gobernantes) que lidera a los Pandava, se queda con el consejo de Krishna, el cual le lleva en un carro de caballos hasta el lugar del enfrentamiento. Esta imagen tiene referencias a la alegoría del carro del Katha Upanishad, y nos puede proporcionar un motivo para la interpretación psicológica de la obra: Krishna, el auriga, es el consejero, la conciencia profunda, el Atman de Arjuna.
Al verlo afligido, Krishna le revela a Arjuna que es la encarnación del dios Vishnu y que le orientará para que encuentre el sentido de la vida y la decisión correcta de su dilema. Primero le dice que no debe temer morir ni matar, ya que en realidad el alma nunca muere. Cuando el cuerpo lo hace, el alma va en busca de otro cuerpo para volver a nacer y continuar el flujo de la vida y la muerte. Que su deber (dharma) como satriya es ir a luchar y enfrentarse con sus ahora enemigos, que no importa el resultado, lo que acontezca ya esta decidido. Que él solo será un instrumento del destino.
Por supuesto, esta es una visión muy exaltada del dharma, y que a algunas personas puede provocar dudas. La intención es resaltar el concepto en aras del dramatismo de la obra, pero también entender que el equilibrio cósmico es resultado de seguir este precepto. El dharma es un deber social pero cósmico al mismo tiempo. Y si alguno de estos dos aspectos ha de prevalecer, debe ser el cósmico. Así, una persona tiene que buscar en su interior su propio dharma, con su intuición, antes que sea una imposición social. Algo que tiene implícito el dharma es su realización en la acción positiva, o en la negativa, como omisión. De aquí se desprende una de las paradojas más profundas del hinduísmo y que comparte con otras filosofías orientales, como el taoísmo, con su «wu wei» (no hacer). Es la acción en la no acción, la acción en la quietud: el cuerpo como dispositivo inscrito en la materia, y la conciencia pura como observadora pasiva (purusa), lo cual nos recuerda los dos pájaros del Mundaka Upanishad. Este es un tema recurrente que también se analiza en los Yoga Sutras y volveremos a él constantemente.
Posteriormente, vienen las novedades más interesantes del Bhagavad Gita con respecto a los Upanishads, los cuales priorizaban el yoga del conocimiento (jnana yoga) como la vía para acceder al Braham, el principio supremo, a través de la meditación (dyana yoga). Estos dos son recuperados y prescritos a Arjuna por Krishna y la obra le dedica sendos capítulos al respecto. Pero lo nuevo son otras dos vías para acceder a la contemplación y la divinidad: la acción (karma) y la devoción (bhakti).
El karma yoga se refiere a ofrendar a lo divino nuestras acciones, nuestro deber, nuestro dharma. Para ello, la acción debe ser desinteresada, sin esperar recompensa por ella, renunciar al fruto de nuestras acciones. Si se hace esperando algo a cambio, pierde ese carácter de oblación. Mas aun, podemos meditar en nuestras acciones cotidianas para sentir la conexión con la unidad universal mientras las realizamos. Aceptar lo que nos toca vivir y hacerlo con la conciencia en Krishna, como nuestra pequeña contribución al desarrollo del mundo. Esta vía democratiza la sacralidad de la vida, porque todas las personas pueden acceder a ella, no solamente los monjes, religiosos, o ascetas. La persona común, y que no pertenece a la casta de los bramanes, también tiene posible la vida espiritual y la beatitud a través de este camino.
El bhakti yoga se refiere a la devoción. Al fervor de la espiritualidad consagrada a Krishna, Vishnu o cualquier otra manifestación de la divinidad, que en el fondo son las diferentes formas del universal principio supremo. El amor a dios. Llevar en la mente y en el corazón su memoria, actualización y presencia. Venerando en profundo fervor constantemente. De hecho, Krishna afirma que esta es la vía suprema, su preferida.
Aunque aprecia como válidos los diferentes caminos y establece que a través de todos ellos (conocimiento, meditación, acción ofrendaria, amor devocional) se llega a la unión mística, declara que prefiere la vía devocional. Dos reminiscencias cristianas nos resuenan aquí fuertemente, pero hay que matizarlas. El mensaje amoroso de Krishna y su encarnación nos recuerda al mensaje crístico, pero al centrarlo en el amor a Dios nos recuerda la consigna bíblica del viejo testamento. Aquí hay un equívoco, porque cuando Krishna le revela a Arjuna en una visión que Dios es Todo, y que puede reconocerlo en todos los seres (y dentro de uno mismo como Atman) queda claro que amar a dios también es amar a todos los seres, la naturaleza y la creación, aterrizando en una ecología mística que impide dañar a otros seres incluyendo la naturaleza, porque hacerlo no es amar a dios, sino destruirle, y destruirse a uno mismo. Es la tradición de los Bhagavata, de la cual viene el mismo nombre de la obra. La propuesta de la beatitud, que puede considerarse la esencia del mensaje del Bhagavad Gita. La novedad del amor, del karma, y el carácter teísta, que no aparecían en los Upanishads de esa manera, brinda una apertura hacia la espiritualidad popular, del humano común.
Posteriormente a estas prescripciones, Krishna le da un obsequio sublime a Arjuna. Le concede la visión divina y le permite observarlo en su forma pura, universal. Esta parte del poema es la más excelsa en expresión poética. Es el clímax del texto, que viene un poco pasada la mitad. La descripción es seductora y embriagante. Pero toda visión maravillosa tiene su correlato terrorífico. La no-dualidad, el Todo, implica que tanto el bien como el mal son las dos caras de una misma moneda. Los dos extremos de la polaridad aparente de la materia están inscritos en la Unidad.
Pasado este apoeteósico relato, viene la parte mas pedagógica del Gita, sobre las modalidades de la materia, y cómo llevar una vida ética que nos reúne con el Origen. Los gunas son satva, rajas y tamas, y con su combinación (su desbalance) se manifiesta la materia. Ese desbalance y su posterior permutación en busca de equilibrio es lo que despierta la manifestación del universo en su carácter dinámico. Al final de los tiempos, cuando los gunas estén equilibrados, la manifestación regresa a su origen, el Brahman de los Upanishads. Toda cosa existente se compone de una proporción diferente de los gunas. Satva es la inteligencia, la bondad, la paz, la transparencia, la generosidad, etc. Rajas es el movimiento, la acción, la energía, la pasión, etc. Tamas es la ignorancia, la oscuridad, la confusión, la rigidez. Una piedra, por ejemplo es más tamásica en su composición. El ser humano es una combinación de los tres que puede ser mas sátvico o rajásico según sus inclinaciones y los avatares de su vida. Un emprendedor, un activista o un gobernante, por ejemplo, son mas rajásicos. Mientras que un monje o un devoto es mas sátvico. Se implica, entonces, que los diferentes tipos de yoga o caminos hacia la divinidad le corresponden mejor a cada persona según su naturaleza gúnica. Para el sátvico le viene mejor el bhakti. Al rajásico el karma yoga. Para una persona más intelectual el jnana yoga, el conocimiento. Se implica que la mente tiene una cualidad sátvica en su pureza, y por eso todo ser humano está capacitado para el dyana yoga, la meditación, si la cultiva apropiadamente.
La explicación de los gunas es un elemento que viene del Samkya, posiblemente el sistema filosófico más antiguo de la India. Las diferentes corrientes del pensamiento indio, ante la popularidad del Gita, alguna vez lo han reivindicado como suyo. Juan Arnau, editor y traductor de una de las versiones que compartimos, reivindica en su preludio la influencia del Samkya y el budismo en todo lo que se refiere a la meditación. Samkara interpreta desde el Vedanta advaita, dándole un sesgo que después se transmite por la tutela de los brahmanes de Calcuta a los primeros occidentales que analizaron estos textos. Prabhupada, editor de otra versión que analizamos, lo aborda desde la visión teísta del Hare Krishna y critica al Samkya de Kaipila, por ateo (el Samkya es dualista y no teísta). Y así sucesivamente cada corriente lo interpreta a la conveniencia de su propia adherencia, instrumentalizando el libro como una especie de proselitismo espiritual. De esta manera, el texto es un mosaico, un brillante resumen de casi todas las corrientes de la filosofía védica, e incluso tiene elementos de los sistemas heterodoxos, como el budismo.
En síntesis, la experiencia mística es un regalo divino para cualquiera, solo hay que estar dispuesto, preparado para escuchar. Aunque puede ser un largo camino. Lo importante es el día a día, la mística de lo cotidiano, para llegar a la divinidad. Esta es una de las mayores aportaciones del Bhagavad Gita a la vida espiritual, y una clave de su popularidad. La dicha suprema esta al alcance de toda persona, aun sin tener un conocimiento especial de Brahman, como sostenían los Upanishads. Es el mensaje del amor.
Por último, otro mensaje del poema, es vivir nuestra vida de forma más desprendida, menos apegada. Y éste es el sentido de su crítica al apego y al deseo. Como seres vivos, somos seres deseantes. El deseo es natural a nuestra circunstancia material, de cuerpos vivos. Pero si la satisfacción de nuestros deseos se vuelve condición para nuestra felicidad, se convierte en una atadura. Por lo tanto, la verdadera felicidad consiste no en satisfacer esos impulsos, sino liberarnos de ellos. Este es el sentido de la liberación del yoga.
