Compartimos este resumen con la intención de que estimule su lectura, ya que cualquier comentario al respecto se queda corto e inferior a la elocuencia y belleza del lenguaje con que estos temas filosóficos son tratados en el texto mismo. Leer un resumen, o un prólogo, o un ensayo es una experiencia intelectual, para quienes quieran entenderlo; pero leer el Upanishad directamente es una experiencia epifánica, emocionante y artística, más cercana al arrobamiento que puede producir la vivencia mística a la que remite.
Los Upanishads son el núcleo de la filosofía Vedanta y de numerosas doctrinas que componen el pensamiento de la India, a las cuales influenciaron profusamente. Escritos durante un largo lapso de tiempo de varios milenios para preservar o actualizar el mensaje que hasta entonces se transmitía de manera oral, son el germen de los conceptos más importantes del Hinduismo. En la dimensión literaria, son textos con una exuberancia poética que embelesa a muchas sensibilidades.
En nuestro círculo de lectura comentamos el Katha Upanishad, por ser de los primeros textos donde se plasman importantes símbolos e ideas, que se desarrollarían más adelante y que son centrales en el Yoga.
La primera parte del texto narra la historia de Nachiketas, a quien su padre entrega en sacrificio al señor de la Muerte, Yama, siguiendo algunos preceptos védicos. Este acto tiene muchas interpretaciones, que van a un nivel de lectura mucho más profundo que el que nos proponemos hacer en el círculo de lectura. Desde un cuestionamiento a los ritos de los Vedas (los libros fundacionales del Hinduismo), hasta una hermenéutica numerológica más reservada para los eruditos. Para nuestros fines, menos filológicos y más estéticos y reflexivos, nos sirve de entrada para el planteamiento filosófico que sigue.
Al esperar durante tres días sin hospitalidad y sin que llegue la muerte, Nachiketas se hace merecedor de tres deseos que Yama, señor de la muerte, le concede. El primero que pidió era dar sosiego a su padre; el segundo es que le revele el ritual del fuego para merecer el cielo; y el tercero, el último y más importante, Nachiketas pide a Yama que le revele el conocimiento de lo que pasa con el Ser después de la muerte. Yama confiesa que, sobre lo que sucede después de morir, hasta los dioses dudan, y a cambio de que elija otro deseo, ofrece a Nachiketas riquezas, lujos, sirvientes, reinos enteros a su disposición, los cuales son rechazados. Esa preferencia por el conocimiento, por sobre las riquezas, son una prueba de Yama para ver si Nachiketas merecía recibir la revelación tan importante que buscaba.
Confirmando esta vocación, en la segunda parte del texto, Yama le muestra las diferencias entre perseguir el bien o la dicha -lo cual es cosa digna de las personas sabias- y perseguir el placer, más propio de las personas ignorantes del conocimiento supremo. La principal diferencia es que el placer es algo efímero, transitorio, propio de lo material, mientras que el bien o la dicha son imperecederos, permanentes. Las personas sabias van en busca de lo eterno, y logran reconocer lo eterno en lo efímero: la esencia de las cosas cambiantes de este mundo, la cual pertenece al mundo del espíritu, no de la materia. En la ignorancia solo se ve el cambio y la diversidad de las cosas y fenómenos. En la sabiduría, por otra parte, se ve la Unidad de todas las cosas, la consistencia y continuidad del universo. Esa sabiduría no se alcanza con el mucho estudio, sino con la meditación, que logra conocer aquello que no puede ser descrito con palabras ni explicado con la razón. Alcanzar ese estado proporciona dicha, pues se ha reconocido la fuente de todo regocijo, y así el sabio se coloca más allá del dolor y del placer. Esta reflexión es muy vigente y relevante para el mundo materialista y consumista que habitamos, el sistema social que coloca la búsqueda de la riqueza y el placer como la meta de máxima gratificación para el ser humano, con sus consecuentes efectos de infelicidad, ansiedad y depresión.
Lo que se alcanza con la meditación es la experiencia de Brahman, lo cual es el espíritu supremo, el todo, el principio universal, del cual emergen todas las cosas y en el cual todas las cosas regresan, se absorben.
En la tercera parte, Yama ilustra con la metáfora del carruaje la experiencia de la vida humana. Esta alegoría será repetida por numerosas tradiciones, incluido Platón, que la versiona en el diálogo del Fedro, probablemente influenciado por el Katapanisad. Procede Yama a explicar lo que es el Atman, a veces traducido del sánscrito como «Alma», «Si mismo, «El Ser», «Conciencia personal suprema» «Esencia Profunda del Ser», etc.
El Atman es Braham dentro de uno mismo. Es la parte de Brahman que habita en los seres vivos, el principio fundamental que anima a la materia viva. Más adelante, incluso, se intercambiaran ambos términos (Atman y Brahman), casi como sinónimos.
Luego identifica al carro como una representación del cuerpo físico. El auriga, conductor del carro, es el Atman. Los caballos son los sentidos, son los que guían al cuerpo. Los caminos por donde transita el carro son los objetos de los sentidos. Es decir, los sentidos corporales nos conducen por el camino de la materia. Pero la mente son las riendas, el medio por el cual el alma controla al cuerpo; o también, en sentido inverso, a través de la mente el cuerpo puede agitar al alma. La mente es entonces el puente, el vínculo entre el cuerpo y el espíritu. La naturaleza de la mente es, de alguna manera, mitad alma, mitad cuerpo. Quien no comprende y no controla su mente jamás podrá dominar los sentidos y entonces andará con los caballos enloquecidos, como cochero inexperto, incapaz de dominar su propia vida. Quien comprende y serena su mente, toma con firmeza las riendas, se moverá por el mundo con caballos dóciles. La armonía de sus partes le llevaran a la gran dicha. Aquí aparece la famosa metáfora de la dificultad del camino espiritual: «es como caminar por el filo de una navaja».
La cuarta parte es una serie de imágenes que redundan en evocar lo que es el Atman. Ésta, y la siguiente, son las partes más poéticas, donde se pretende emocionar para sentir la realidad del Brahman por medio de la intuición y la corazonada, ya que esa comprensión rebasa al intelecto. Sentimiento en vez de entendimiento.
Se establece la concordancia entre lo externo, para lo cual existen los sentidos, y lo interno, donde conocen su alma quienes miran hacia su propio interior. Brahman es quien siente, es lo que sentimos y los objetos sobre los que sentimos. Es lo que esta afuera y lo que esta adentro, en perfecta comunión. No hay diferencia entre creador y creación.
Concluye la cuarta parte con una de las imágenes más bellas: «Igual que el agua de la lluvia cae en la montaña y desciende por todos lados entre las rocas, así quien ve diferencias entre las cualidades del ser, corre confuso tras ellas por todas sus vertientes». Pero quien conoce a Brahman «es como el agua pura que cae sobre agua pura» y crece y permanece en el torrente del Gozo.
Habiendo explicado a Nachiketas lo que es el Atman, procede Yama a responder a su pregunta inicial, su tercer deseo, qué es lo que sucede con el Ser cuando alguien fallece. Yama explica que algunos cuerpos espirituales buscan el vientre de una mujer para volver a nacer, o el vientre o el huevo de animales, o la materia inorgánica, según las consecuencias de sus acciones en vida. Pero aquel que descubrió a su Atman, que conoció el saber supremo en vida, vuelve a ser Uno con Brahman, alcanzando la inmortalidad. «Como el fuego, que aunque uno solo, parece distinto en cada cosa que arde, así el Ser Único, que esta dentro de todas las cosas, parece distinto según la materia en la cual penetra, y sin la cual también existe». «Allí el Sol no brilla, ni la Luna, ni las estrellas, ni los relámpagos, ni el fuego. Cuando Brilla, todo brilla detrás, pues por su luz todo es iluminado».
En la última parte, Yama proclama que quien no comprenda esto, cuando muere se ve obligado a tomar otro cuerpo; pero quien comprenda, sera liberado. Para alcanzar este conocimiento debe mantener los sentidos y la mente controlados. Al cesar los deseos del corazón mortal, se accede a la Conciencia Suprema. Quien medite en esta Conciencia se funde con Brahman y se vuelve inmortal. Yama le dice que esta vía grandiosa se llama Yoga.Y concluye: «Habiendo recibido este Conocimiento enseñado por la Muerte y la meditación en el Yoga, Nachiketas se liberó del sufrimiento y de la muerte, y obtuvo el estado de Brahman. Así sera con cualquier persona que llegue a conocer a su propio Atman».
